Una, la belleza mayestática de ese pequeño pueblo de la costa sur francesa, es Colliure un rincón feliz donde vivir, y como no, donde morir; sin duda es un sitio para viajeros ligeros de equipaje.
Dos, el sabor a mar de sus típicas ostras. La ostra es una sutileza de la naturaleza, una plenitud al sentido del gusto, un regusto de la mar al paladar por el tiempo suficiente para sentirlo. Y como todo buen lujo, no conviene abusar de él; los que entienden dicen que el abuso es aún peor para el bolsillo que para el estómago.
Lo suyo es media docena por cabeza, con su correspondiente limón o salsa vinagreta. El aperitivo debe acompañarse de cerveza, vino blanco seco, o cava brut nature. Si no se pasa de ahí la factura no excede de lo normal. Ya sabemos de la alegría de los franceses para con las cuentas/facturas.
Es preciso remarcar que una visita a un amigo, sea prevista o imprevista, conlleva ciertos interrogantes.Uno de ellos, sin duda, es la disposición de éste para con las cosas del comer. Qué se agradecen amigos con dotes de perfecto gourmet, sin duda; pero lo qué más se agradece son buenos parternaire, que compartan con uno coche, comida y choza. Aquí ocurrió lo inevitable, lo que he determinado en llamar " La improvisación compartida". No es más que realizar la compra, la conversación y la cocina en compartida improvisación. Y en ello la no menos previsible elocución sobre el poeta, ejemplo de inteligencia y emoción como pocos. Para mi Machado representa la voz de un padre, de un padre llevando de la mano a su hijo. Un padre nunca quiere nada malo para sus hijos, y Machado es como un padre para mí, podría decirse que es mi padre intelectual. Su voz me llegó musicada, me llegó de otro de sus hijos, un hijo predilecto como es Serrat (éste si de alguien es hijo predilecto es de D. Antonio). Escuchemos lo pues.
Dos, el sabor a mar de sus típicas ostras. La ostra es una sutileza de la naturaleza, una plenitud al sentido del gusto, un regusto de la mar al paladar por el tiempo suficiente para sentirlo. Y como todo buen lujo, no conviene abusar de él; los que entienden dicen que el abuso es aún peor para el bolsillo que para el estómago.
Lo suyo es media docena por cabeza, con su correspondiente limón o salsa vinagreta. El aperitivo debe acompañarse de cerveza, vino blanco seco, o cava brut nature. Si no se pasa de ahí la factura no excede de lo normal. Ya sabemos de la alegría de los franceses para con las cuentas/facturas.Es preciso remarcar que una visita a un amigo, sea prevista o imprevista, conlleva ciertos interrogantes.Uno de ellos, sin duda, es la disposición de éste para con las cosas del comer. Qué se agradecen amigos con dotes de perfecto gourmet, sin duda; pero lo qué más se agradece son buenos parternaire, que compartan con uno coche, comida y choza. Aquí ocurrió lo inevitable, lo que he determinado en llamar " La improvisación compartida". No es más que realizar la compra, la conversación y la cocina en compartida improvisación. Y en ello la no menos previsible elocución sobre el poeta, ejemplo de inteligencia y emoción como pocos. Para mi Machado representa la voz de un padre, de un padre llevando de la mano a su hijo. Un padre nunca quiere nada malo para sus hijos, y Machado es como un padre para mí, podría decirse que es mi padre intelectual. Su voz me llegó musicada, me llegó de otro de sus hijos, un hijo predilecto como es Serrat (éste si de alguien es hijo predilecto es de D. Antonio). Escuchemos lo pues.
Y, de esta manera, mientras parlábamos de la fachá republicana que siempre vistió al poeta, de su honestidad y lealtad para con sus gentes, el compromiso con su tiempo, de su hermano Manuel y de su contrapuesta personalidad, nos entró un hambre atroz, que hubo de paliarse con ágil compra y no más cocción. Como el presupuesto es el que manda, y los tiempos que corren son tiempos de corto pecunio, ingeniamos cocinar de una manera austera, como correspondía a la personalidad de Machado.
Con unos tomates recios (tumakos preferiblemente), cebolleta fresca, pimientos rojo y verde, y pepino, todo cortadito en daditos, amén de unos mejillones al vapor troceados, regado con aliño suave (sal, aceite, vinagre), se elabora un picadillo/pipirrana de excelso molusco y refrescante gusto. En contraposición, unas senderuelas salteadas con ajo y culantros/cilantros verdes, sal a gusto.
Volvimos con la misión de abrir una suerte de almejas negras, al ajillo y culantro, y regarlas con Ribeiro blanco; dicho y hecho, como por arte de magia apareció, entre sombras literarias, semejante bandeja de bivalvos de sabor ácido y oloroso.
Solo hay que dejarlas caer en una sartén con picada de ajo a punto y dorado, regarlas con un chorreón de vino seco y pálido (válgase un Ribeiro gallego), taparlas una vez se flambeen, y esperar a que comiencen a abrir. Después es tarde, están en su punto. Comerlas es lo suyo.
Vamos a dejarlo aquí, porque incluir un cuarto plato sería, si no excesivo, sí un tanto en desacuerdo con el propósito moral de esta publicación. Así que Bon Profit/Buen Provecho.
Pero no me resisto a añadirle la posibilidad de incluir una sartenada de gambones con picada de la casa incluida.
Era sólo una posibilidad más. Buenas noches/Bona nit.
Gracias Javi, eres un magnífico partenaiere.









